LA VIDA EN ROJO
El otro día conversando con un grupo de amigos del colegio, a raíz de un almuerzo de reencuentro que tuvimos recordamos anécdotas de la época de nuestras vidas que nos tocó compartir. En especial a raíz de uno de nuestros amigos que participó el año pasado en la llamada Guerra de Tomates o Tomatina que se celebra en España. Esta celebración se celebra todos los años en la localidad de Buñol ubicada en la provincia española de Valencia y es uno de los atractivos turísticos de la ciudad llegando a superar los 40000 participantes y en la que simplemente se trata de lanzarse tomates unos a otros, conocidos o no, hasta que las fuerzas fallen. Más de 100 toneladas de tomates son lanzadas durante estas celebraciones que se realizaron el día de ayer. Felipe, mi amigo, contaba que asistieron participantes de todo el mundo, inclusos alemanes, a los que él siempre creyó muy serios o canadienses, que pensaba eran tipos apáticos, pero sin duda lo que más le llamó la atención fue ver cómo se divertían los japoneses lanzando tomates, parecían niños, según su relato, y no se medían avanzando entre gritos y danzas de guerra con la cara roja por los tomates recibidos y sus ojitos rasgados que ahora apenas y se podían distinguir. Nos explicó que los tomates deben ser aplastados antes de ser lanzados ya que de lo contrario podrían ser causantes de alguna lesión. Ya me imagino lo que pasaría si a alguien le cayera un tomate entero en las narices o en pleno glóbulo ocular.
Al parecer la organización del evento corre a cargo del ayuntamiento local, el cual se encarga de disponer efectivos policiales y custodios del orden que vigilan que los participantes no traigan consigo botellas de vidrio o de plástico o cualquier otro objeto que pueda resultar peligrosos dentro del evento. Paralelamente los participantes también reciben toda clase de recomendaciones siendo la principal de ellas que no utilicen sus prendas como armas ya que esto puede resultar peligroso. Es lógico, una camiseta o un polo tomados por los extremos y girados pueden terminar convirtiéndose en látigos muy peligrosos sobre todo si son dirigidos hacia el rostro y en el fragor de la pelea esto podría resultar una tentación. Cuenta la leyenda que esta celebración tuvo sus orígenes en el año 1945 cuando en una pelea no pactada dos grupos de jóvenes se enfrentaron en las calles con la excelente idea de lanzarse todas las verduras que tenían a mano. Al año siguiente esos mismos jóvenes decidieron repetir la pelea, esta vez pactada, llevando ellos mismos sus propios tomates. Es a partir de ahí que otros se fueron sumando, divertidos, a la incipiente celebración. Año con año, ésta fue tomando proporciones y es a partir del año 1980 que el ayuntamiento de la localidad asume la organización oficial del evento que convoca turistas de todo el mundo que felices viajan especialmente para tomar parte en estas celebraciones.
Todo empieza a las once de la mañana cuando los primeros camiones empiezan a llegar con el cargamento de tomates que serán utilizados en la contienda. Sin embargo ya desde la noche anterior al evento se vive la previa y en los alrededores se improvisan fiestas con bandas que tocan música española típica, la gente se amanece esperando la celebración. Luego que han llegado los camiones se monta un pequeño juego a manera de preliminar de la celebración principal, en dicho juego se encera un palo con jabón y un jamón es atado en el extremo superior del mismo retando a quién pueda trepar en pos de conseguir el jamón. Entonces cuando la gente está concentrada mirando a los ilusos que tratan de trepar por el palo enjabonado se escucha el estruendo de un cohete que anuncia el inicio de las “hostilidades” y sálvese quien pueda, los tomates empiezan a cruzar de un extremo a otro tiñendo de rojo todo a su paso, la marea roja llega casi a la altura de las rodillas y la gente extenuada sigue hasta más no poder. Una hora después de iniciada la batalla, se escucha el estruendo de un segundo cohete que anuncia el final de
la Tomatina. La gente que había llegado convenientemente vestida de un blanco inmaculado ahora está roja hasta los huesos. Es hora de darse una ducha y todos se agolpan sobre las regaderas y las mangueras habilitadas para la tarea de limpieza de la zona de juego. Una celebración entrañable e inocente sin duda que incluso saca provecho de la inclinación natural del hombre hacia la violencia y la transforma, encausando ese torrente beligerante y convirtiéndolo en un inocente juego de niños. Este año mi amigo Felipe no pudo estar presente como había prometido, hizo una excepción para reunirse con sus compañeros de escuela, ah pero sí, nos advirtió claramente que de ahora en adelante cambiemos la fecha de nuestras reuniones, porque mientras viva nos se perderá ni una Tomatina más.
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