HISTORIAS CON JUANITA
Nunca había viajado con Juana, no habíamos ido juntas ni a la esquina, pero cuando quisimos r a Madrid y resultamos sendo una para la otra nuestra única opción de compañía, no quedó otra más que aceptar.
Viajar solo nunca ha sido muy divertido para mí, principalmente porque todo me da miedo. Salir a caminar es de por sí desagradable, siento que la gente me mira como el turista qeu soy, el forastero, el extraño. Es probable que esto sólo sea mi paranoia, seguramente la gente solo anda en lo suyo, pensado en su vida, su familia, su trabajo, pero bueno, cada loco con su tema, y mi tema es que viajar solo nunca fue lo mío.
Si el simple hecho de salir caminar solo por una ciudad ajena y nueva me resulta muy incómoda, ni que se diga del comer solo. Salir a cenar solo es para mí impensable, y hacerlo en una ciudad como Madrid, pufff ni qué decir. Se me pone la piel de gallina de solo pensarlo. Si quería viajar a Madrid y conocer el famoso “triangulo de oro”, único motivo serio por el cual quiero conocer Madrid, entonces no me quedaba otra que aceptar la oferta de Juanita la huerfanita. Así le decíamos todos en el barrio.
Juanita la huerfanita, no era huerfanita como lo dice su apodo, pero creo que le dicen así por que era una especie de lapa. En el barrio, era la chica que nunca quería ir a su casa, como si no tuviera familia, como si fuera huérfana, y siempre había uno que sufría hasta el final con su compañita, hasta altas horas de la noche se quedaba Juanita en casa de uno hasta que su mamá o papá venían a buscarla después de haber recorrido ya varias otras casas en el barrio. Juanita estaba un poco desquiciada pero era buena gente. Asi que me fui con Juanita a Madrid, y ahora es mi esposa.
Juanita no era una chica de fiestas. No era aburrida pero no era de salir ni tomar. Yo tampoco. Yo solo venia a Madrid, como ya les dije antes, para ver el famosísimo triangulo del arte, tres museos que me escarapelan el pensamiento. Juanita, por otro lado, tampoco venía con muchos propósitos encima, ambos éramos un poquito obsesivos, ella venía, según sus propias palabras “única y exclusivamente Manolito, única y exclusivamente porque a mi se me chorrean las babas por ese cantantazo”. Esas fueron sus palabras, yo se que suena raro, pero así hablaba Juanita, en Juanita todo era raro, era un ser extraño, una extraña bestia cabelluda de aquellas. Así que yo con un triangulo en mente y Juanita con su cantante famoso en la cabeza nos vinimos para España, ambos usándonos de escudo protector. Vaya saber que vueltas da la vida para que ahora yo sea el flamante esposo de Juanita, con fotos de besos apasionados y todo.
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