VIVIENDO EL TOREO EN ESPAÑA
Mi esposo y yo, desde hace algún tiempo, nos habíamos propuesto realizar un viaje, el destino aún no lo sabíamos, pero nos pusimos a pensar un poco y decidimos que entre nuestras opciones podríamos considerar visitar países al otro lado del charco.
Considerando que mi esposo no domina ningún idioma más que el español, la opción por la que nos decidimos fue España, y es que había pensado que si uno no domina bien el idioma, entonces no se podría sentir a gusto con la estadía, así que sencillamente nos decidimos por ese lugar.
Entre los atractivos que más entusiasmaban a mi esposo se encontraban las plazas de toros y antes de nuestro viaje, el había preparado todo un itinerario que seguiríamos a la perfección, en donde se consideraban plazas de toros como las Ventas o Vistalegre. En fin, yo no conocía mucho acerca de esta tradición, pero me aventuré a acompañar a mi esposo para descubrir de qué se trataba todo esto de los toros.
Cuando llegamos a España, como se imaginarán, la primera salida que hicimos fue hacia una plaza de toros, allí nos ubicamos en nuestros lugares y se procedió al inicio de la corrida.
Esta se inició con la presentación de todas las personas que van a ser partícipes de la corrida, es decir, todo un conjunto de personajes pintorescos, a los cuales no reconocí muy bien por no ser aficionada a los toros, es más, ésta sería la primera corrida que vería por completo.
Luego de la escueta presentación de los participantes en el ruedo, se procedió a abrir las puertas del lugar donde el toro se encontraba esperando el inicio de la corrida. Una vez que el toro sale al ruedo, la corrida ha empezado de manera oficial.
Para ello, primero se ha escuchado el sonido de un clarín, el cual se supone debe dar inicio a la contienda. Con el toro ya en el ruedo, el torero empieza a sortearlo acompañado de su capote, y mi esposo y yo, no podemos de dejar de corear entusiasmados: ¡Ole!… ¡Ole!…. y… ¡Ole!
Luego de ello y de haber mareado un poco al toro, salen al campo unos hombrecillos, los cuales llevaban en sus manos unas grandes agujas multicolores, las cuales, según me explico mi esposo, servirían para hincar al toro directo en su corazón. Y tal como me lo explicó, sucedió, estos hombrecillos hincaron con esas lanzas al toro, con lo cual pasó a quedar muy debilitado y sin tanta fuerza si se comparaba con el inicio de la corrida.
Luego, el torero sale de nuevo al ruedo, esta vez empezará a torear al toro, sin embargo, rato después, sacará de debajo de ésta una gran espada con la cual le dará la estocada final que matará al toro. La verdad, que en ese momento llegué a aceptar aquello como un espectáculo, más no estaba muy conforme con la muerte del toro, supongo que esto debe tener una antigua tradición y como tal debe ser respetada, no obstante, esta parte es la más dura del espectáculo en sí.
En fin, una vez que se le da muerte al toro, el torero es premiado con las orejas o con el rabo, esto de acuerdo a su faena y a lo que diga el jurado, además, el público debe pararse agitando sus pañuelos para que el torero sea premiado.
En la corrida que presencié, el torero salió del ruedo en hombros, lo cual es lo máximo que puede desear un torero y con eso di fin a mi día de toros.
Los días siguientes, mi esposo se dirigió solo a ver las corridas, para mi era suficiente, ya había visto una vez y podía juzgar yo misma, mi decisión había sido disfrutar de las compras en Madrid y alejarme de ese sangriento espectáculo.
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